clic

Inicio   Obra   Links   Galería   Agenda   Textos   Entrevistas   Contacto  
 
3/3/2016 1:45:14 PM Deberíamos habernos besado hasta el amanecer

Afuera, adentro, más allá de las estrellas, adentro de ellas, en el desván, dentro de la lata de arvejas, en el centro de una de ellas, en la valija de cuero marrón de la primaria, en los hospitales. Afuera de la Plaza de Mayo, en sus bordes, en la pirámide, adentro de la fuente donde nos lavamos los pies.  

Al mismo tiempo, en todo lugar, a pesar de, de cualquier forma, teniendo en cuenta, como si fuese, tratando de, poniéndose en su lugar se dieron cuenta de que flotaban; sin nadar, ni volar solo flotaban en su emoción.

Lo que queda en el aire después de las palabras… al callarse. Lo que permanece en las iglesias después de la misa, en los cines al terminar las funciones del día, en los salones luego de las fiestas, en los estadios al terminar el partido, sobre la cama ya vacía, cuando callan los coros y se silencian las orquestas.

Si la función casi empieza, si la torta casi está lista, si el agua casi hierve, si el niño casi nace, si el avión casi despega, si el partido casi empieza, si el auto casi arranca, si casi nos besamos pero no lo hacemos y nos vamos con la sensación incómoda de que deberíamos haberlo hecho.

Deberíamos habernos besado hasta el amanecer.

El mundo nos parece real e irreal al mismo tiempo, al tiempo mismo y todo aquello con movimiento, desde el caminar sigiloso de los animales  hasta el ruido lejano de los motores, escuchamos mientras tanto nuestra respiración.

Escuchamos y escuchamos mientras tanto nuestra respiración.